No nos gustó la comida que pedimos y además era excesivamente cara. Para comenzar pedimos queso provolone con mermelada de fresa (el queso no era de buena calidad y parecía calentado del microondas. Esperábamos también que el queso estuviera fundido para así poder untarlo en los tostones que venían de acompañamiento. Al estar el queso tan tieso no se podía untar así que no le vimos el sentido. También consideramos que le echaron demasiado orégano al queso, lo que implicaba que solo predominara ese sabor. No puede ser que este plato costara 12 € teniendo en cuenta la calidad del producto principal).
Por otra parte pedimos la ensalada césar, la cual nos pareció también muy cara y aunque no estaba mal no tenía sentido que tuviera ese precio.
Para terminar pedimos una pizza carbonara (12€) cuya masa no era de buena calidad y daba la sensación de estar precocinada. No vimos tampoco el sentido que, siendo una pizza carbonara, la base fuera de tomate. Los ingredientes tampoco parecían frescos. La cuenta final sumando el agua para compartir entre dos más el aperitivo y el pan se fue a los 40€, una cantidad muy excesiva para lo que pedimos.
Lo mejor del sitio es que está situado en un lugar privilegiado y tienen música en directo, pero eso al final también se paga con los precios tan altos de la carta.