Probamos sus coquinas el año pasado y de lo ricas que estaban hemos vuelto para repetir, sin embargo, cuando llegamos se habían acabado. Aún así nos quedamos y tomamos un sabroso rabo de toro y un pescadito frito muy rico. El trato de Carmen y Cristina fue tan encantador que a los dos días volvimos para para tomar dos raciones de las soñadas coquinas, de las mejores que he tomado, y descubrir una tarta de queso riquísima. El restaurante está a dos pasos de la playa, el género es fresco y de primera y el precio es muy asequible. Lo mejor, sin duda las citadas camareras que además de encantadoras son muy buena gente.
Repetiré.