El camarero que nos atendió era amable, pero desde luego que no sirve para ser camarero. No nos dijo al sentarnos qué productos de la carta no tenían, le íbamos diciendo raciones sin que tuviese ninguna en vez de decir de golpe las que no tenía. Pedimos croquetas sin saber si era media ración o ración entera porque el camarero tampoco lo supo hasta la hora de cobrar. Las croquetas eran de cebolla caramelizada las únicas que le quedaban, de sabor estaban bien sin más, pero el tamaño era ridículo y estaban frías por dentro. Pedimos pescado frito variado para dos y sin más, estaba bueno pero muy escaso para dos personas. No pedimos más porque tardaban media hora en traer cada cosa. El baño de mujeres está cerrado con llave, que tiene que darte el camarero y lo mismo que tardan en darte de cenar tardan en darte las llaves para acceder al servicio. En fin no volveremos.
Las croquetas, el pescado frito para dos y una botella grande de agua 19€.
P.d: nos acabó cobrando media ración de croquetas, en la foto faltan dos que ya comimos.