Aunque el año pasado también estuve en este sitio y me pareció bien, este verano la experiencia ha sido muy distinta. Para empezar, camareros muy poco profesionales, sobre todo el más joven, llamándome “chaval”, “quillo”, tratándome de tú con una confianza peor que como si fuera de la familia. No me gustan esas cosas. Por otro lado, la carta había empeorado, y el tamaño y calidad de las raciones también, aunque los precios parecían los mismos o incluso mayores. No pude probar uno de los platos porque no entendí que me lo tenía que comandar otro camarero, y cuando fui a pedirlo ya no quedaba. A cambio pedí otro que fue decepcionante: carrillada en salsa que tenia solo tres trozos, uno de ellos ridículo. Además, las dos guarniciones que nos pusieron con las raciones eran de patatas fritas, y en una de ellas me encontré un trozo de plástico frito. En fin, que esperaré a que pase del todo la pandemia para volver y comprobar que enderezaron el rumbo, o por si el contrario bajaré aún más la puntuación.