Muy mal. Un negocio es juzgado por la actitud y comportamiento de los que atienden al público cuando algo va mal. Cuando todo va bien, todo el mundo es bueno y educado. Pero cuando reclamas que el cordero está seco y casi quemado, la factura está mal, te traen un aperitivo y luego te lo cobran, y las servilletas huelen tan fuerte a lejía que estropean el sabor de la comida, y dos camareras se ponen a discutir de mala manera contigo, es un sitio no recomendable. Salimos de este restaurante sintiéndonos casi agredidos. Vamos, nos estropeó la comida y el viaje. Y eso que el cocinero salió y admitió que el cordero “se le pasó “. La ensalada mixta fue un pobre plato de lechuga con un poco de cebolla encima. El cordero estaba RECALENTADO. Y que no digan que comimos todo, porque no pudimos. Teníamos mucha hambre y horas de viaje. Dejamos lo más incomestible en la fuente. QUÉ DESILUSIÓN!