Habíamos pasado innumerables veces por delante de este restaurante, pero nunca habíamos comido en él, ya que siempre estaba abarrotado y con personas esperando en cola. Esta pasada Semana Santa, volvimos a pasar e increíblemente estaba casi vacío, así que nos decidimos a probarlo. Su carta se resume en un folio en el que encontramos un poco de todo: ensaladas, platos para compartir, roscas, hamburguesitas, canapés, pescados, carnes, tapas y montaditos, con opciones de pedir tapas, medias raciones y raciones de varios platos. Nos decidimos por un aguacate relleno, una tapa de champiñón relleno de queso crema y jamón, media ración de croquetas de bacalao, un choco a la plancha y un flamenquín de queso de cabra y cebolla caramelizada. Con una caña, dos refrescos y 3 € que nos cobraron por el servicio, una cuenta de 34,70 € para tres personas. Sinceramente, no nos convenció lo más mínimo; estábamos comiendo y no comprendíamos muy bien porque el sitio estaba siempre a reventar. Aguacate y champiñones bastante insulsos, el choco sin ninguna gracia y en cuanto al flamenquín, después de esperar un buen rato vino totalmente crudo y tuvieron que hacernos otro. La atención, buena. Desde luego, no es de los sitios que pueda recomendar, a pocos metros los he probado mucho mejores y sin agobios ni colas.